Nuestra Sede

Historia de la casa de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos

El inmueble que ocupa la Sociedad Dominicana de Bibliófilos es una antigua casa de piedra construida en los albores del siglo XVI, ubicada en la calle Las Damas, la primera calle trazada en la ciudad primada de América. La identificación de esta casa viene dada en el censo del vecindario de Santo Domingo que se realizó en 1528.

Fue esta una de las dos “amplias casas” que “poseyó en esta ciudad de Santo Domingo el veedor Gaspar de Astudillo, quien en su día fuera honrado por el monarca Carlos I de España con el cargo de regidor perpetuo del Ayuntamiento de nuestra urbe, a pesar de la enconada oposición que a ese nombramiento hizo siempre la corporación municipal santodominguense”, según la afirmación de Fray Vicente Rubio, O. P. Sobre la misma, asevera el Padre Rubio lo siguiente:

Aparece a nuestra vista …/…, cuando al leer el citado censo de 1528 nos fijamos en lo que ese elenco dice sobre “otra calle”, vía pública que – según dice el añejo documento– “desde las casas de la señora virreyna hasta el miradero de la mar”. Esta descripción corresponde a lo que desde antiguo denominamos “calle de Las Damas”.

Pues bien, comenzando dicho censo a consignar los vecinos que habitan en este rúa, yendo por ella en dirección sur-norte, el escribano ahora los nombres de Hernando Ortiz, Juan García Caballero (salta ahora, sin que sepamos del todo por qué, la vivienda de doña Ana Becerra, vendida por estos mismos días a Alonso de Zuazo), sigue por la del canónigo Diego del Río –sita frente a la de Bastidas, como rezan papeles de 1526–, la del mismo Rodrigo de Bastidas, deán de la catedral y la del licenciado Zuazo, colindante con la del inmediato anterior. El escribano apunta seguido los nombres de Diego Suarez y Pedro de Alarcón, y por fin, escribe:

“Gaspar de Astudillo: (tiene) vn cristiano en su casa e otro en la hacienda; tiene dos lancas e tres espadas e vna rodela e ciertos caballos e vna sylla”.

Como el censo no señala las aceras de la calle de Las Damas en que las casas censadas se encuentran, ni tampoco especifica ciertas modalidades de ellas, por ejemplo diciendo si son casas esquineras, o que están al lado de… o frente a tal o cual vivienda, hay momentos en que dicho censo presenta un flaco servicio al investigador. Añádese a esto, que uno no sabe a ciencia cierta si los nombres de las personas consignadas corresponden a tantas casas o no, o si se trata de algunos casos de criados que moran con su amo dentro una misma vivienda, etc.

A pesar de que el censo, carente de detalles, dificulta la localización de la referida casa, el Padre Rubio da por buena la identificación del local de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos como la casa perteneciente en 1528 a Gaspar de Astudillo, sita en la acera occidental de la calle Las Damas y colindante con la del canónigo Diego del Río.

Gaspar de Astudillo nació en Burgos hacia 1485 y se trasladó a Santo Domingo en 1509, formando parte del séquito del Almirante don Diego Colón. Ostentó los cargos públicos de regidor del Ayuntamiento, elevado más tarde a perpetuidad, y veedor de las fundiciones de oro y plata.

Astudillo estuvo casado con Catalina de Venegas, dama de doña María de Toledo, y tras enviudar, casó con “otra mujer de Castilla”, doña María de Fuentes. Tras el fallecimiento de Astudillo, el 27 de abril de 1553, a esta última le correspondió donar en su nombre y en el de su difunto esposo los bienes de ambos –cuatro pares de casas, dos solares y otras tierras– a la Catedral de Santo Domingo, bajo cuyo suelo yacen sus restos.

Al decir del Padre Rubio, Astudillo fue “un quijote de la moralidad. Luchó y peleó sin desmayo por adecentar instituciones administrativas de la Corona española en Santo Domingo; por desenmascarar a funcionarios venales; por denunciar la corrupción asquerosa de jueces que son el comején de la justicia; por formar un Ayuntamiento donde toda virtud y toda ética tuvieran su natural asiento. Astudillo fue un verdadero militante del bien. Este es su mejor elogio”.

Para el año 1977 la referida casa le fue cedida a la Sociedad Dominicana de Bibliófilos por el Gobierno Dominicano, en una muestra de apoyo y de confianza a la gestión de la misma a favor de la cultura histórica y literaria del pueblo dominicano. Se iniciaron en ese mismo año los trabajos de restauración de la vetusta casa, que la Sociedad Dominicana de Bibliófilos ocupa desde 23 de abril de 1978.